23 de julio de 2009

Exorcizándome a faldas de un cerro, mi hogar


Por Mort

Una casa a faldas de un cerro. Mi hogar, o tal vez solo una de las tantas cosas que ya han logrado inundar y hacer que este pequeño cerro luzca saturado. Subsistir y hacerse viejo aqui puede tornarse melancólico y desafortunado, al menos para mí. Todo gracias al insignificante sol que no sabe como proyectarse entre tanta nube gris, típico de esta época del año. Así sucede como los hogares, pistas, veredas, miradas y hasta las mismas plantas, son en conjunto, un espectáculo que preferiria perderme.

Que pensaría quien no vive en uno de estos lares: algunos hablarían a sí mismos sobre lo deprimente que es todo y otros hasta se afligirían al apreciar tal inclinado suburbio, y como es que se ha instalado tan bien en tan extraña geografia.

Si se mira más arriba de los tendederos de ropa, se logra divisar una pequeña cruz blanca, que tal vez no llamaría tanto la atención, como si lo hace la 5 veces más grande cruz del cerro contiguo, que con alumbrado eléctrico y todo, se luce en las noches. Que envidia.

Este lugar se jacta de ser peligroso, por lo que en las noches el silencio solo puede ser interrumpido por disparos, que, como el canto del grillo, imposible saber de donde provienen. También joden perros techeros que se comunican de barrio a barrio, para pesar de los que no pudieron concebir sueño, o se quedaron laborando hasta esas horas de la noche. De lejos, el cerro en sí parece un gran árbol navideño, con cruz blanca en vez de estrella y con las típicas lucecitas prendidas, que vendrían a ser alumbrado público, las que a su vez ven la manera de dar vision a peligrosas e inclinadas calles que duermen al son de disparos.

1 comentario:

  1. esta bueno, pero el final es un poco vacio...pero esta muy bueno

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