21 de octubre de 2009

Fotografías narradas (no es literatura ni verdad)

(3)

Miro la prodigiosa ventana de mi casa y al cielo anaranjado-nocturno que acontece las 9:54, pero lo único que brilla es la pantalla del computador en frente de mí, parpadeando con lucecitas anaranjadas las conversaciones del messenger. No me puedo concentrar ni concebir algo digno de ser pensado (o ser recordado), pero tampoco cierro mi messenger en ese lapso... Hoy me llamaron la atención en la biblioteca (poco promocionada, inútil dentro del colegio), junto a otro de mi salón, cuando lo único que rogaba en mi mente era no reírme o sonreír de felicidad ante tanta vieja (entendiblemente) malhumorada, después de haber visto un horripilante documental sobre el aborto. La tragedia consistía en: haber manipulado unos paquetes (tocar, alzar, almohadizarlos, etc.), que decían "no tocar", pero que me parecieron interesantes por que tenían el logo de la upc, tanto así que de manipularlos pase a meterles uña en una actitud científica, sin mucho éxito. La vieja de la biblioteca, que vive detrás del mostrador de la misma, y que te mira con la cara de estereotipo adulto-oprimido agachando un poco la cabeza, como para dejar caer sus lentes con tiras y darte mal de ojo instantáneamente, simplemente porque eres un joven indisciplinado (con pelo largo y sin ser todavía golpeado ni apuñalado por la vida), dijo estar harta en lo que respecta a su mas profunda sinceridad y en lo que respecta a mi comportamiento (gracias a mi mirada estrábica), rogando así un castigo ejemplar. Después de tan aburrido incidente, las cosas poco cambiaron en el salón, con chistes, invenciones y tonterías de cualquier índole, durante las clases de matemáticas y razonamiento lógico. Conversar, caminar, mirar, rayar, y falta poco para que se acabe el año y la secundaria, invicto pero poco alegre de la misma forma. Me rasco la cabeza, y la agacho un poco como lo hace la vieja bibliotecaria, pero para ver las letritas del teclado y seguir chateando, haciendo sonar a Pearl Jam.

20 de octubre de 2009

Fotografías narradas (la paradoja de la falsedad)

(2)

Básicamente, la mañana estuvo cargada de cierto escepticismo mío, que esperaba con ansias de niño a que todo cambiara, y que poco a poco los sucesos cambien de coloración (cielo gris, pseudo-colegio, amigos y otros rajes, etc.). No tuve tiempo para pensar, o para sentarme a pensar, ya que mi cuerpo buscaba la manera de acomodarse en algún sitio donde mi espalda se tranquilice y de que cada vertebra deje de crujir como el cereal del desayuno. Me paseé por cada rincón posible, haciéndome sentir no solo adolorido, si no también estúpido. Una pastilla apronax (no les confío mucho mi salud, pero funcionó). Todo ese asunto de mis insaciables dolores lumbares no podían venir mejor acompañados que con una mañana en el colegio (para abreviar pseudo-colegio) que vinieron cargadas de su pequeña y letal dosis de intriga: robos por aquí, camaritas por allá, te dan 50 soles en tacora y para comprar cerveza dicen. También tuvo su momento religioso, pero eso (con el tono que tuvo) no fue trascendente. ...Llegar a mi casa, comer, e instantáneamente dormir (cuarto cerrado, sin ventilar... pies fríos y ensimismados) fue lo que ya considero habitual. El ir al gimnasio me trajo las consecuencias antes mencionadas, y ahora no me queda mas que esperar y mirar posibles soluciones... (agh!) me olvidé, tenia un compromiso, me hize tarde. Teléfono celular.. ¿la llamo? me mariconeo. Suenan en los parlantes los artic monkeys, me acuerdo de ádammo, demasiada mariconada. A dormir de nuevo. Mejor.

19 de octubre de 2009

Fotografías narradas (y en silencio absoluto)

(1)

Después de dormir boca-abajo en el cuarto de mi viejo, que pareciera que siempre tiene camas mas cómodas que la de cualquiera (será porque duerme tranquilo, feligrés y feliz a la edad que tiene...) me levanté al poco rato con una mirada reprobatoria y fugaz de mi madre, o que tal vez haya sido mas bien un lapsus o un mareo de esos que dan cuando te levantas con un solo movimiento. Eran las 4 de la tarde, y me enojaba unos segundos por ver tanta nube gris en el cielo y tanto ladrillo, cemento y antenas de mi ventana para afuera: me parecía simplemente una combinación anti-perfecta, casi apocalíptica para los que disfrutamos del sol y de la alegría que trae, a los que ya somos de por sí felices. Eran las 4 y a esa hora el gimnasio abría los portones, entrando yo en un dilema de ir o no, de rebelarme o no a la prescripción del gringo quiropráctico, gracias a una escoliosis de mierda que me hizo sentirme estas últimas semanas mas en la mente de esa gente minusválida, que anda por ahí remediando situaciones y viendo de reojo como los miran los demás con la típica cara de persona trivial. Siempre caigo en tentaciones, y esta ves sucede que me gustó la idea de obligarme a hacer series de abdominales, sabiendo por experiencias y excitación propia que las mujeres del cole son ávidas perceptoras de tal grupo muscular en los varones. Zarpé hacia el gimnasio y estuve 2 horas viendo el reloj de la pared, tal vez dejándome engañar por un espejo que parecía amarme y me hacía ver mejor, en ese juego de percepción óptica que todavía no entiendo y a la que, por mi edad, doy mucha importancia. Los abdominales no se encuadraron como pensé, pero la cierta satisfacción de haber ido a hacer algo que no sea dormir o estar sentado mirando una pantalla me enorgullecieron por un rato, siguiéndole también el típico remordimiento o esa mirada hipocondríaca a mí mismo y a las consecuencias de no tomar los cuidados necesarios con los huesos de mi frágil espalda. Ojalá se solucione ese lío de mi cuerpo, porque ruego para que no se agrave cada vez que me duele y eso jode insaciablemente.